Antes de que existieran los dioses, el universo tuvo que aprender a despertar.
No había tronos en el Olimpo. No había mortales, templos ni nombres que recordar. Solo un universo joven e incandescente, materia en expansión y las primeras conciencias intentando comprender qué eran.
Caos abre los ojos en medio de esa inmensidad y descubre que no está solo. De aquello que alguna vez estuvo contenido en él surgen voluntades capaces de elegir su propia existencia: Érebo, una presencia envuelta en oscuridad; Tártaro, ligado a una extensión que desafía las distancias conocidas; Nix, antigua y serena como la noche; y Eros, cuya naturaleza reconoce la atracción y el deseo sin decidir por quienes los sienten.
Mientras nacen las primeras estrellas, la materia se transforma y mundos de roca y fuego comienzan a tomar forma, también ellos deberán aprender algo más difícil que existir: convivir sin poseerse, crear sin controlar y aceptar que toda nueva voluntad puede elegir un camino distinto.
Entonces aparecerán Gea, Ponto, Ourea y Urano, y con ellos una pregunta que atravesará todo el universo:
¿Qué sucede cuando aquello que ayudaste a despertar deja de pertenecerte?
MITOLOGÍA GRIEGA ANTES DEL OLIMPO
El Caos y el Olimpo: El origen de los dioses abre una saga de fantasía mitológica y especulativa que regresa al principio de todo: mucho antes de Zeus, mucho antes de los héroes, cuando incluso los dioses estaban aprendiendo qué significaba existir.
Entra en el origen. Antes del Olimpo, estuvo el Caos.
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