España, 1640. En los rincones más hostiles del Imperio, el amor no es una debilidad... es la única forma de sobrevivir al infierno.
Oculto entre los riscos helados de la sierra se alza el penal de la Corona: una implacable fábrica-cárcel donde los cautivos se consumen entre el hollín, los latigazos y el vapor tóxico de los batanes de azufre. Condenado a una muerte lenta en las tinas inferiores, Mateo sobrevive como un siervo marcado, con el cuerpo roto y el alma endurecida por el cautiverio.
Pero el verdadero peligro no viste el uniforme de los guardias. En las profundidades de la roca, allí donde la luz nunca llega, habita una aberración ancestral hecha de huesos y despojos que, cada noche, emerge de las sombras para cobrarse su ración de carne y sangre. Un monstruo sediento al que el cruel alcaide, Don Alonso, pretende domar a costa de la vida de sus prisioneros.
En mitad de este presidio de acero, azufre y pavor, un cruce de miradas entre el esclavo y Doña Inés —una joven de linaje noble atrapada en una red de codicia y acosada por la obsesión del gobernador— encenderá una alianza prohibida. Lo que comienza como un destello de compasión se transformará en un romance inquebrantable, una pasión salvaje que se convertirá en su única salida. Para salvar a Inés y escapar de las garras del alcaide y de la bestia del subsuelo, Mateo desatará una rebelión sangrienta, iniciando una huida desesperada bajo la nieve donde una jauría humana busca su cabeza.
Una ambientación histórica cruda y realista. Un monstruo de pesadilla al acecho. Y un romance forjado en el azufre por el que valdrá la pena incendiar todo un imperio.
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