En el planeta Quelonio nadie caminaba. Nadie corría. Nadie jugaba. Todo se hacía sentado. Y todos cargaban con el peso de una espalda rígida. Atlas era un humano tortuga más. Hasta que descubrió algo imposible: cada vez que se apoyaba contra un respaldo, la expansión posterior de su caja torácica quedaba bloqueada. Y así, con el paso de los años, se formaba un caparazón invisible en los quelonitas.
Ahora Atlas deberá enfrentarse a una verdad capaz de destruir todo lo que conoce... porque quizá los humanos tortuga no olvidaron cómo vivir.
Quizá olvidaron cómo respirar.
Una novela que te hará cuestionar todo lo que creías normal.
ASÍ COMIENZA LA NOVELA:
Mi nombre es Atlas y hace mucho tiempo viví en el planeta de los humanos tortuga, que en su época era ciertamente similar a la Tierra tal y como se ve hoy: había besos, auroras, rascacielos y melancolía; solo que en lugar de humanos, muy curiosamente, había humanos tortuga. Como podrás imaginar, estos remotos pero cautivadores seres desempeñaban tareas propias de humanos tortuga y recorrían toda su vida, o la mayor parte de ella, como tales. Únicamente se presentaba un problema: que no eran conscientes de su condición. —¿Cómo? —te preguntarás.
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