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Trainspotting: 212 (Compactos)

Entre pico y pico, entre borracheras y fútbol, sexo y rock and roll, la negra picaresca, la épica astrosa de los que nacieron en el lado duro de la vida.

Muy pocas veces alguien se atrevió a recomendar tan fervientemente una novela. «Merece vender más ejemplares que la Biblia», afirmó Rebel Inc., una insolente revista literaria escocesa. De inmediato celebrada por los críticos más estrictos pero leída también por aquellos que raramente se acercan a los libros, Trainspotting se convirtió en uno de los acontecimientos literarios y también extraliterarios de la última década.

Fue rápidamente adaptada al teatro y luego llevada a la pantalla por Danny Boyle, uno de los jóvenes prodigio del cine inglés. Sus protagonistas son un grupo de jóvenes desesperadamente realistas, ni se les ocurre pensar en el futuro: saben que nada o casi nada va a cambiar, habitantes del otro Edimburgo, el que no aparece en los famosos festivales, capital europea del sida y paraíso de la desocupación, la miseria y la prostitución, embarcados en una peripecia vital cuyo combustible es la droga, «el elixir que les da la vida, y se la quita».

Welsh escribe en el áspero, colorido, vigoroso lenguaje de las calles. Y entre pico y pico, entre borracheras y fútbol, sexo y rock and roll, la negra picaresca, la épica astrosa de los que nacieron en el lado duro de la vida, de los que no tienen otra salida que escapar, o amortiguar el dolor de existir con lo primero que caiga en sus manos.

Descripción del producto

Críticas

«Una novela que es el equivalente literario de una bomba de hidrógeno» (Martin Crawford, The Big Spoon).

«La novela fundamental de un escritor fundamental. Irvine Welsh, un maestro del lenguaje popular, con un estilo de boxeador sin guantes, ataca con ferocidad el cuerpo de nuestra sociedad. Tristísima, pero también de un ingenio perverso, nos conduce en una gira infernal por los guetos psíquicos donde se refugian los drogotas, los borrachos, los desesperados y los perdedores… Una novela terrible, pero al mismo tiempo arrebatadora» (Jeff Torrington).

«El Celine escocés de los noventa» (The Guardian).

Críticas

Recomendación de Librosyliteratura.es, escrita por Ana Segarra

Todos tenemos un amigo pesado que nos ha dicho como unas veinte veces que tenemos que ver Trainspotting. Si no lo tienes, quizá seas tú el susodicho. En mi caso, tenía una amiga que, en absolutamente todas las conversaciones, acababa recomendándote algún libro/película. Y en el cincuenta por ciento de esas veces, la recomendación era básicamente la película de la que vengo hablando. Así que un día, con el simple fin de que me dejara un poco tranquila, la vi. No voy a entrar en el debate de si es o no una obra maestra, ya que de cine entiendo lo mismo que de tiburones blancos, es decir, nada. Pero sí que puedo decir que ha sido una de las películas con las que peor lo he pasado de todas las que he visto. Durante todo el largometraje sentí una angustia que hizo que me planteara apagar el televisor y no seguir con aquella tortura. Pero a la vez, tenía la necesidad de seguir viéndola, de no apartar los ojos de la pantalla y de saber qué iba a pasar con Mark Renton. Me removió por dentro emociones que no sabía que ni existían y lo pasé realmente mal al ver el sufrimiento de sus personajes. Incluso llegué a pensar que la vida real de Ewan McGregor era como la de Mark Renton, por lo bien que interpretó su papel.

Para el que no lo sepa, Trainspotting es una historia de drogas. Irvine Welsh nos retrata con crudeza el día a día de un grupo de colegas escoceses que se dedican a más que tontear con las drogas. Aunque el protagonista es Mark Renton, en la obra interactúan decenas de personajes que irán dando juego al desarrollo de la historia. En este libro, nos encontramos a un grupo de yonkis que están metidos hasta el cuello en el mundo de la heroína. Todas las vidas de estos chicos giran alrededor del caballo. Se despiertan y no pueden pensar más que en prepararse la primera jeringuilla del día. Y en el momento en que no la tienen a mano, los sudores fríos y los temblores hacen acto de presencia.

Welsh nos demuestra que hay libros que no están hechos para todos. Todo el mundo puede leer a Dan Brown, o tal vez a Stieg Larsson. Pero no todos pueden leer a Welsh. Es así de simple. Welsh es irónico, rudo, directo, poco político, cortante, sarcástico y —no sé si esto os dará una pista sobre su manera de escribir—, escocés. Reconozco que a mucha gente no le gustará su manera de relatar y yo partía de esa premisa cuando empecé con esta obra. Pero yo, que soy muy dada a apreciar el valor de los escritores de expresarse libremente y sin miedo a reprimendas, me adentré en el mundo de los Skagboys con curiosidad y un poco de prudencia, recordándome que si no era capaz de continuar con la lectura, no me iba a quedar más remedio que dejarla y ponerme a leer algo más agradable. Pero por suerte para mí —y para ti, que has venido hasta aquí para encontrar una pequeña reseña de esta obra—, saqué fuerzas de flaqueza y la terminé. No sin esfuerzo, sinceramente. Es un libro que requiere tiempo y paciencia. También mucha energía y fuerza de voluntad. Porque es una historia muy difícil, muy ardua, muy desgarradora.

La verdad es que no sé si con esto te estoy animando a leer a Welsh o no… eso ya es decisión tuya. Pero quiero que, si decides adentrarte en este mundo, lo hagas con todas las consecuencias. Sintiendo cada arrebato de Mark Renton como si estuvieras en su piel. Sudando igual que él suda cuando no tiene la excarcelación corriendo por sus venas. Liberándote a su vez cuando él consigue elevarse durante unos efímeros minutos. Te aseguro que si lo haces, sentirás la necesidad irrefrenable de seguir con sus otras dos obras, Porno y Skagboys. La primera nos habla de lo que ocurre diez años después de Trainspotting y la segunda es una precuela, donde entenderemos el porqué de la perdición de estos chicos. Y sí al final te animas a compartir las desgracias de Renton, te darás cuenta de que no hace falta ningún caballo para trotar por otros mundos. Que para eso, basta con un buen libro.

Contraportada

Choose us. Choose life. Choose mortgage payments; choose washing machines; choose cars; choose sitting on a couch watching mind-numbing and spirit-crushing game shows, stuffing fuckin junk food intae yir mooth. Choose rotting away, pishing and shiteing yersel in a home, a total fuckin embarrassment tae the selfish, fucked-up brats ye've produced. Choose life.

Biografía del autor

Irvine Welsh (Edimburgo, Escocia, 1958) creció en el corazón del barrio obrero de Muirhouse, dejó la escuela a los dieciséis años y cambió multitud de veces de trabajo antes de emigrar a Londres con el movimiento punk. A finales de los ochenta volvió a Escocia, donde trabajó para el Edinburgh District Council a la par que se graduaba en la universidad y se dedicaba a la escritura. Su primera novela, Trainspotting, tuvo un éxito extraordinario, al igual que su adaptación cinematográfica. Fue publicada por Anagrama, como también sus títulos posteriores: Acid House, Éxtasis, Escoria, Cola, Porno, Secretos de alcoba de los grandeschefs, Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo, Crimen, Col recalentada, Skagboys, La vida sexualde las gemelas siamesas, Un polvo en condiciones, Elartista de la cuchilla, Señalado por la muerte, Loscuchillos largos y Hombres enamorados. De Irvine Welsh se ha escrito: «Leer a Welsh es como ver las películas de Tarantino: una actividad emocionante, escalofriante, repulsiva, apremiante…, pero Welsh es un escritor muy frío que consigue despertar sentimientos muy cálidos, y su literatura es mucho más que pulp fiction» (T. Jones, The Spectator); «El Céline escocés de los noventa» (The Guardian); «No ha dejado de sorprendernos desde Trainspotting» (MondoSonoro); «Además de un excelente cronista, Irvine Welsh sigue siendo un genio de la sátira más perversa» (Aleix Montoto, Go); «Un genial escritor satírico, que, como tal, pone a la sociedad frente a su propia imagen» (Louise Welsh, The Independent); «Welsh es uno de nuestros grandes conocedores de la depravación, un sabio de la escoria, que excava y saca a la luz nuestras obsesiones más oscuras» (Nathaniel Rich, The New York Times Book Review).

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